Laia Palau es grande. Grande en su manera de comunicar, de entender la vida y su profesión: el baloncesto. Y al igual que con todo lo que hace, se abre sin tapujos para hablarnos de la retirada.

Lo primero que nos queda claro es que ella se siente aún muy jugadora. ¡Qué nadie la retire todavía! Ella quiere decidir, siempre que las circunstancias se lo permitan, cuando retirarse. Por el momento no quiere dejar de darle al baloncesto lo que le da. O quizá se lo esté dando a ella misma, como reflexiona en voz alta mientras habla con nosotros. Y es ese sentirse jugadora, lo que le hace estar tan centrada en su día a día.

Laia está muy acostumbrada a vivir así. Porque no lo olvidéis, ¡tiene 40 años! (ojo, que es ella quien nos lo recuerda varias veces durante nuestro encuentro 😉 ). El baloncesto ha regido y sigue rigiendo su vida, desde donde vive, lo que come, con quien se relaciona… Todo. Pero insiste,  ha intentado escoger sus equipos, sus experiencias, en base a sus valores personales, para poder mantener ese equilibrio entre su persona y su “personaje”. Aunque enfatiza que “es muy difícil separar lo que haces de quien eres”.

Reconoce que va a echar de menos muchas cosas: la adrenalina de la competición, el ser parte de proyectos ganadores y sobre todo el formar parte de un equipo. Esa camaradería, esa conexión especial con las jugadoras para conseguir un objetivo. El factor humano es lo más importante para ella. Y se siente muy orgullosa cuando algunas compañeras la llaman porque quieren jugar junto a ella, o cuando puede compartir un café con antiguos entrenadores  y recordar experiencias vividas. Ese sentido de comunidad espera poder aplicarlo y vivirlo en su “día después”.

Y en esas está. Cuando acabe su carrera deportiva tiene muy claro que tiene que decidir si quiere seguir dentro o fuera del baloncesto. Dentro porque siente que tiene mucho que aportar, mucha información y sabiduría que sería una pena malgastar. Y fuera porque como ella bien dice “hay muchas Laias en mi”. Esa curiosidad que tiene por seguir aprendiendo, experimentando, será la que la oriente hacia algún destino profesional. De momento no tiene el plan en la cabeza, ¡y mira que es estratega! Y ahí sigue, preguntándose.

Y si bien es una mujer curiosa -damos fe de ello- esa curiosidad no ha sido suficiente para empujarla a estudiar. Reconoce que, a pesar de que hay tiempo para ello, no se ha formado en nada “oficial”. Culta y autodidacta, considera que hay que estar preparada, pero que si luego “no sabes hacer”, de poco sirve. Por ello confía en que las competencias que ha ido desarrollando a lo largo de su carrera deportiva le serán de ayuda en su nueva vida profesional. Ella es la reina de la adaptación, de la tolerancia a la frustración, de la persistencia y sobre todo, de la RESISTENCIA, ¡marca de la casa!. En ello deposita su confianza para salir adelante exitosa.

Una de las cosas que está cuidando en esta parte final de su carrera es su red de contactos. Hace diez años no le hubiera dado importancia, pero ahora es consciente de que consolidar una red profesional para poder empezar a preparar posibles salidas es importante. Aprovechar su tirón mediático para acceder a lugares privilegiados. Sabe que las cosas no serán fáciles, pero desde ya no dice a nada que no. Con vistas al futuro.

Nos cuenta también que el vivir tan sobreprotegida tampoco ayuda. Siempre está el Club detrás para solventar sus problemas. Por otro lado, a nivel económico, es consciente de que el baloncesto le permite vivir bien. Pero incide en que no le va a costar mucho adaptarse a la nueva situación. Si no puede llevar el mismo ritmo de vida, ajustará sin problemas porque ya en la actualidad no vive con grandes excesos. Considera que ha gestionado bien sus ingresos, de forma conservadora, ya que ni le va ni le interesa demasiado el mundo de las inversiones y el riesgo no va con ella. Ha planificado el tener un colchón económico para poder transicionar a su nueva vida sin la angustia de pensar que tiene que ganar dinero de inmediato para vivir. Porque calcula que sus dos o tres añitos de proceso nadie se los quitará.

Se despide definiendo la retirada como un proceso inevitable y lleno de incertidumbre. Ya lo empezó a encarar una vez. Sabe de que va. En el horizonte, buscar ese nuevo ambiente que le genere vida. Si lo encuentra, pondrá el alma en ello, como en todo lo que hace.

Muchas gracias Laia, de corazón.

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